Para Colombia un Auténtico Movimiento/Für Kolumbien eine echte Bewegung

 Para Colombia un Auténtico Movimiento                                                          junio 1 1.981

Por: María Angelina Castillo Cruz

A través de los años, desde aquella época en que el pleno auge de la religión dio origen a la admiración de un hombre que conmovió al mundo, dando nacimiento a un movimiento llamado el cristianismo, hasta nuestros días, seguimos asistiendo al espectáculo de la desigualdad, ese sentimiento que significa respeto al ser humano.

El problema de la desigualdad es un problema universal. Pero es todavía corriente en países donde el desarrollo es lento y los recursos para el progreso son pocos. Así, que hablemos en estos términos, en estos países subdesarrollados se multiplican como hormigas la ignorancia, la inconsciencia y el equivocado establecimiento del valor económico que trae como consecuencia una determinada formación social y un indefinido metido de gobierno.

Estos países, donde la clase dirigente se apresura en llamarlos Países en "vía de progreso", suelen ser negociadas en las plazas públicas la Democracia y las Conciencias por parte de quienes poco les interesa el bienestar del pueblo y solo les importa luchar por lo propio. Hoy, la política representa para numerosos ciudadanos la posibilidad de comprar casa, carro, finca y hacer viajes al exterior, paralelo al objetivo de convertirse en burócratas indefinidos (afortunadamente hay unas cuantas agujas en el pajar dentro de la carrera política pero el infortunio radica en la malversación de los objetivos políticos de quienes manejan la opinión pública). Mientras más son estos ciudadanos (los que ingresan a la política) más son los pobres (los que viven en Colombia cumpliendo la ley y pagando impuestos) y más los miserables (los que no tienen empleo y los que padecen hambre).



Los nuevos políticos, aquellos que pretenden vincularse al grupo de los que más pueden y quienes tratan de renovarse dentro de la política, pero desafortunadamente en una forma demagógica, ¡le están diciendo al pueblo en víspera de elecciones que habrá cambio y que habrá por fin un lote para cada colombiano! Y el candidato provoca de inmediato una adhesión en pro de una Democracia Socialista por el pueblo colombiano.

Y aunque sabemos esto y se presentan nuevos personajes en el panorama político, seguimos embarcados en la misma balsa con ventarrones de grupos armados y truenos de desalmados que gritan hambre y pobreza.

Pero es una señal de esperanza el hecho de que más de la mitad de los colombianos prefieran abstenerse de votar antes que sufragar por el irrazonable motivo de la costumbre, el deber o la tradición. A todas luces no deja de ser una preocupación la de que los colombianos no crean en sus dirigentes, pero tampoco deja de ser un estímulo para nosotros los observadores al sentir el proceso madurativo de los colombianos en lo que se refiere a política.

Ya se oye a los ciudadanos colombianos comentar sobre los problemas políticos que exponen los candidatos y basar de acuerdo con ello su decisión.

Esto es un gran paso para una Colombia que cree en sus colombianos. Creer en programas más que en oratoria y estirpe. Esto es algo que debemos recordar hoy más que nunca, cuando en la mente de nuestros compatriotas se empieza a experimentar el hondo deseo de ver realizadas nuestras esperanzas colombianas. Hay necesidad, por eso, de un redentor, de un hombre que conmueva con su auténtico movimiento.

La fe colombiana aún no está perdida.





Für Kolumbien eine echte Bewegung                                        junio 1 1.981

Von: María Angelina Castillo Cruz

Im Laufe der Jahre, seit jener Zeit, in der der Höhepunkt der Religion die Bewunderung eines Mannes hervorrief, der die Welt bewegte und zur Entstehung einer Bewegung namens Christentum führte, bis in unsere Tage, erleben wir weiterhin das Schauspiel der Ungleichheit, dieses Gefühl, das den Respekt gegenüber dem Menschen bedeutet.

Das Problem der Ungleichheit ist ein universelles Problem. Doch es ist weiterhin in Ländern verbreitet, in denen die Entwicklung langsam ist und die Ressourcen für Fortschritt knapp sind. Wenn wir in diesen Begriffen sprechen, so vermehren sich in diesen unterentwickelten Ländern Unwissenheit, Unbewusstsein und die falsche Bewertung des wirtschaftlichen Werts wie Ameisen, was eine bestimmte soziale Struktur und ein undefiniertes Regierungswirrwarr zur Folge hat.

Diese Länder, in denen die herrschende Klasse es eilig hat, sie als "Entwicklungsländer" zu bezeichnen, verkaufen Demokratie und Gewissen auf öffentlichen Plätzen an diejenigen, denen das Wohl des Volkes wenig bedeutet und die nur um ihr eigenes Wohl kämpfen. Heute repräsentiert die Politik für zahlreiche Bürger die Möglichkeit, ein Haus, ein Auto, einen Bauernhof zu kaufen und Auslandsreisen zu machen, parallel zur Absicht, sich in unbestimmte Bürokraten zu verwandeln (glücklicherweise gibt es einige wenige Nadeln im Heuhaufen in der politischen Laufbahn, aber das Unglück liegt in der Veruntreuung politischer Ziele durch diejenigen, die die öffentliche Meinung beeinflussen). Je mehr es diese Bürger (die in die Politik eintreten) gibt, desto mehr gibt es die Armen (diejenigen, die in Kolumbien gesetzestreu leben und Steuern zahlen) und die Elenden (diejenigen, die arbeitslos sind und Hunger leiden).


Die neuen Politiker, diejenigen, die sich der Gruppe der Mächtigsten anschließen und versuchen, sich innerhalb der Politik zu erneuern, tun dies leider auf eine demagogische Weise. Sie versprechen dem Volk in der Wahlzeit, dass es Veränderungen geben wird und dass endlich jeder Kolumbianer ein Grundstück erhalten wird! Und der Kandidat ruft sofort eine Unterstützung zugunsten einer sozialistischen Demokratie durch das kolumbianische Volk hervor.

Und obwohl wir das wissen und sich neue Persönlichkeiten auf der politischen Bühne präsentieren, sitzen wir weiterhin im selben Boot mit Stürmen bewaffneter Gruppen und dem Donner gewissenloser Menschen, die Hunger und Armut schreien.

Doch es ist ein Zeichen der Hoffnung, dass mehr als die Hälfte der Kolumbianer es vorziehen, sich der Wahl zu enthalten, anstatt aus dem unvernünftigen Grund der Gewohnheit, der Pflicht oder der Tradition zu wählen. Offensichtlich bleibt die Tatsache, dass die Kolumbianer nicht an ihre Anführer glauben, eine Sorge, ist aber auch ein Anreiz für uns Beobachter, das Reifungsprozess der Kolumbianer in Bezug auf die Politik zu spüren.

Man hört bereits die kolumbianischen Bürger über die politischen Probleme sprechen, die die Kandidaten vorbringen, und ihre Entscheidungen entsprechend treffen.

Das ist ein großer Schritt für ein Kolumbien, das an seine Bürger glaubt. An Programme zu glauben und nicht nur an Redekunst und Herkunft. Das ist etwas, das wir uns heute mehr denn je in Erinnerung rufen müssen, wenn in den Köpfen unserer Landsleute der tiefe Wunsch aufkommt, unsere kolumbianischen Hoffnungen zu verwirklichen. Es gibt daher einen Bedarf an einem Erlöser, an einem Mann, der mit seiner echten Bewegung bewegt.

Der kolumbianische Glaube ist noch nicht verloren.